Se trataba de un médico inglés formado en el campo de la investigación, con una importante experiencia en clínica médica. Bacteriólogo y patólogo, realizó también una formación en homeopatía y filosofía, de modo tal, que el Dr. Bach poseía las habilitaciones necesarias para conformar los más exigentes requerimientos de rigor cinetífico.

Sin duda influido tanto por circunstancias de su vida personal como por el “espíritu de la época”, en su obra pueden encontrarse ideas características del pensamiento psicológico contemporáneo. Durante ocho años trabajó en la creación de su Sistema terapéutico, pero en sus escritos de años anteriores ya pueden rastrearse muchas de las ideas que lo conforman.

Para poder comprender el sentido de obra del doctor Edward Bach es necesario partir de los soportes de su concepción del hombre y del universo.

Bach postula la existencia de una polaridad básica entre dos instancias: el alma y la personalidad. El alma es lo permanente, lo inmortal, la energía esencial, lo trascendente; y la personalidad lo transitorio, lo mortal, el accidente y lo inmanente.

La meta del alma es alcanzar la perfección. Perfección equivale, en este contexto, a individuación o realización. El camino para tal fin consiste en el recorrido de un proceso de evolución que finaliza al alcanzar la perfección. Este proceso de evolución va desde la falta a la completud, del error a la verdad, de la ignorancia al conocimiento y del defecto a la virtud. Nuestra vida no es más que un momento en este proceso, “un día de colegio”. El hombre, para Bach, encarna para obtener conocimiento y experiencia y así corregir los defectos, errores o faltas que lo hacen imperfecto. Vivir es, entonces, una oportunidad de continuar avanzando. Y uno de los instrumentos con que cuenta el hombre para hacer posible este crecimiento de su nivel de conciencia es la enfermedad. Dice Bach: -“La enfermedad, en apariencia tan cruel, es en sí beneficiosa y existe por nuestro bien, y si se la interpreta correctamente nos guiará para corregir nuestros defectos esenciales”.

Las Verdades fundamentales

Las verdades fundamentales son, en la obra de Bach, algo así como sus pilares filosóficos. La importancia capital que les atribuye se hace evidente cuando señala que “para entender la naturaleza de la enfermedad hay que conocer ciertas verdades fundamentales”. Y estas son:

1. El hombre Tiene un alma que es su ser real.

El alma, para Bach, tiene una función redentora. Ella dirige y ordena nuestra vida. Pero también es la esencia de lo que somos, y su naturaleza “invencible e inmortal” es consecuencia de que ella es una “chispa del Todopoderoso”. Algunos autores vinculan el alma con el Yo Superior. Bach la denomina “nuestro Ser Divino”, “nuestro Ser Superior”, “nuestro Ser Real”, de modo tal que acentúa el carácter de “ser” que posee un alma. Esta concepción, unida a la convicción bachiana de su naturaleza trascendente, nos hace pensar en el concepto de alma como cosa en sí que Schelling desarrollara y que seguramente no le era desconocido a Bach. De un modo u otro el alma es, para Bach, la estructura estructurante de nuestra vida.

2. Somos personalidades y existimos para lograr conocimiento y experiencia.

La personalidad es nuestra parte transitoria, la encarnadura que, entre incertidumbre y elección, nos sirve de sostén material en esta vida. Bach pensaba que esta circunstancia no era arbitraria o casual, ya que si el objeto de nuestro vivir es aprender lo que desconocemos, desarrollar las virtudes que nos faltan, borrar nuestros defectos y lo negativo que atesoramos en nuestro Ser, el alma sabe qué entorno y qué circunstancias nos permitirán lograrlo mejor y, por lo tanto, nos sitúa en esa rama de la vida más apropiada para nuestra meta.

3. Nuestra vida no es más que un momento en nuestra evolución.

Esta afirmación de Bach implica las ideas de karma y reencarnación. De un modo correlativo estos conceptos se sustentan en la idea de vida como proceso. Así, cada “día de colegio” representa un punto de una línea espiralada, cuyo principio y cuyo fin se encuentran muy lejanos. El tramo entre el nacimiento y la muerte es nada más que un paso en el camino de la evolución. De modo tal que el hombre no sólo trabaja para esta vida; esencialmente oficia y construye para un proceso que, aunque no pueda recordar ni conocer, su intuición señala como real.

4. El conflicto entre el alma y la personalidad es la causa de la enfermedad e infelicidad.

La idea de que es un conflicto la causa de la enfermedad es una convicción compartida por muchos autores de nuestro siglo, entre los que destacamos a Freud y a Jung. Bach ubica este conflicto entre el alma y la personalidad. Mientras entre ellas hay armonía sus frutos son la paz, la alegría y la salud. Por el contrario, cuando se precipita el conflicto surge la experiencia de enfermedad y la infelicidad.

5. La unidad de todas las cosas.

Para Bach la fuerza creativa del universo es el Amor, y todo “aquello de lo que tenemos conciencia es en su infinito número de formas una manifestación de ese Amor, ya sea un planeta como un guijarro, un hombre u otra forma de vida”.Todo este mundo creado por el Amor forma un gran Sistema, de modo tal que las diferentes partes que lo componen no pueden separarse unas de otras. Esto hace que “cualquier acción contra nosotros mismos o contra otro afecte a la totalidad, pues al causar una imperfección en una parte, ésta se reflejará en el todo”.